En la vida diaria ¿hay lugar más seguro para los deseos secretos que el mundo virtual? Leo Leike recibe mensajes por error de una desconocida llamada Emmi. Como es educado, le contesta y como él la atrae, ella escribe de nuevo. Así, poco a poco, se entabla un diálogo en el que no hay marcha atrás. Parece solo una cuestión de tiempo que se conozcan en persona, pero la idea los altera tan profundamente que prefieren posponer el encuentro. ¿Sobrevivirían las emociones enviadas, recibidas y guardadas un encuentro «real»?
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Así es como los dos acaban por necesitarse más de lo que a simple vista aparentan. Poco a poco se van conociendo, pero no físicamente. ¡Ay, cuántos quebraderos de cabeza les llevará el conocerse en persona! Cada uno se forma una idea mental del otro, coquetean entre ellos, se disparan en momentos álgidos y se enfurruñan como niños pequeños. Todo esto apunta a que no van a poder estar toda su vida intercambiando palabras por la red, pero ¿cómo resolver un conflicto en el que participan también las vidas privadas de cada uno? Leo, Leo, Leo. Emmi, Emmi, Emmi.


